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LA DIFICIL ADOLESCENCIA

 

Siempre se ha dicho que la adolescencia es conflictiva, la misma palabra nos lleva a pensar en el adolecer, en que se sufre. Esta etapa resulta conflictiva tanto para los mismos adolescentes como para sus familiares cercanos, sobre todo para los padres.

Se producen en ella duelos que tienen que ver con distintas pérdidas ligadas a lo infantil. Esto provoca crisis que cada uno resuelve más temprano o más tarde en forma singular.

Entre los duelos podemos encontrar el que se realiza por el cuerpo de la infancia. Las transformaciones corporales tienen una fuerte repercusión psíquica. Se viven como invasoras, incontrolables. Esta sensación puede causar angustia y puede llevar a confusiones. Según se encuentre a gusto con el cambio puede sentirse con una autoestima elevada o por el contrario con sentimientos de incomodidad y timidez.

Otro duelo que se produce tiene que ver con su yo, con su identidad. Hasta ahora  sabía que se esperaba de él y sabía quién era pero en esta etapa el mismo adolescente se desconoce a sí mismo, tiene otras relaciones, otros intereses, no es un niño pero tampoco un adulto.

Por último también realizan un duelo por la pérdida de la relación infantil con los padres. Los padres en la niñez representaban seguridad, poder, sentían que tenían la verdad de muchas cosas. En la adolescencia esto entra en crisis, se comienzan a percibir las fallas y errores, los límites de los padres. Estos comienzan a ser evaluados, criticados y se producen fuertes choques en algunos casos.

Por lo tanto la adolescencia no sólo afecta a los hijos sino también a los padres, a sus conflictos no resueltos, a sus frustraciones. Los padres deben aceptar el paso del tiempo, su propio envejecimiento, el enfrentarse a nuevos valores e interpretaciones de la vida de hoy y a revisar los propios valores y esto no es para nada fácil.

Vemos entonces que los cambios no sólo afectan a los jóvenes sino también a sus padres, esta etapa es difícil para todos. Muchos padres pueden tener el sentimiento de no saber qué hacer, de que se les está yendo de las manos y que no pueden controlar más la situación. Encontramos que algunos padres intentan prolongar esa niñez de estos hijos porque sabían como manejarlos. Algo cierto es que, si los adolescentes son tratados como niños, tenderán a prolongar su dependencia e inseguridad, su persistencia en conductas infantiles y esto no les permite aprender a hacerse cargo de sí mismos y de su propia vida.

 

Como padres es difícil dejarlos ir, dejar que vuelen solos y no estar ahí para anticiparles el peligro que puedan correr. Los padres se pre-ocupan, se anticipan. Este es el momento en que los jóvenes tienen que aprender, de a poco a ocuparse ellos mismos, de este modo es que aprenden a andar por el mundo sobre sus propios pies, y que sus decisiones tienen consecuencias que tienen que asumir. Podrán hacerlo en la medida que esos otros significativos, entre ellos los padres, confíen en que puede hacerlo y seguir adelante. La tarea no es fácil, se trata de ayudarlos a caminar pero ya no en lo que como padre se espera de ellos sino en acompañarlos en la búsqueda de lo que ellos mismos quieren hacer de sus vidas.


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Este es un programa dedicado a una adicción muy actual. Es muy interesante ya que muchas personas puedan verse identificados y reconocer algunos de los síntomas. Los veinte últimos minutos del filósofo Bauman son imperdibles. Una reflexión muy profunda de la realidad actual. Recomendable.


LOS PADRES TAMBIEN NECESITAN AYUDA…

 

Cuando hay hijos con alguna dificultad, los padres, muchas veces, realizan todo tipo de movimientos para poder ayudarles: refuerzo escolar, atención médica y/o psiquiátrica, logopedia o psicológica.

Estas últimas generan en los padres la angustia de verse y sentirse observados, a menudo se ven puestos en evidencia, de algo que hicieron mal pero aún no saben qué; sienten señalados y puestos en falta ante una falla o equivocación cometida en la educación de estos hijos.

Es una situación difícil que se desencadena en algunos casos desde la institución escolar, cuando la escuela señala que algo no funciona con este chico/a.

Esto no es fácil de soportar para nadie, más allá de las mil y una veces que hemos escuchado “el ser padres es una tarea que se aprende, nadie nace sabiendo”, esta frase muchas veces no nos convence.

Los padres que se acercan a un profesional para consultar qué le pasa a su hijo pueden llegar a ubicarse en dos posiciones extremas: una, la de que el problema es de mi hijo y yo no tengo nada que ver; la otra, la de los padres que sienten que han fallado en algo y que esto se les escapa de las manos con desesperación.

Ninguna de las dos posturas extremas se atraviesa sin angustia.

Comencemos por aclarar que siendo padres siempre lo que esté pasando con un hijo toca de cerca, y esto se nota más claramente cuando hay una dificultad ligada a la adolescencia de un/a hijo/a.

El adolescente crece y con ello se vuelve más independiente pero a la vez quiere quedarse en esa infancia cuidada por los padres de la infancia que se enfrentaban a los problemas por él; padres fuertes, que lo podían todo, visto de la mirada de un niño. Pero el adolescente descubre a unos nuevos padres que no tienen todas las respuestas, que a veces no dicen lo que les gustaría escuchar y que muchas veces no siente que lo escuchan, en otras palabras, ya no son los padres ideales que conoció.

Este descubrir no sólo implica encontrar algo nuevo por parte del adolescente sino también el sentido que le otorgan los padres frente al problema de sentirse des-cubiertos, ya sea que nadie los cubre, nadie los arropa como también en el sentimiento de sentirse en falta.

Uno de los puntos más importantes en el tratamiento de un problema de un hijo es poder llegar al momento en que, como padre, uno reconozca que no puede llegar a todo, que no sabe y que necesita ayuda. Ayuda para soportar la angustia de esperar que este hijo, ya no sólo hablamos de adolescentes, pase por su proceso de poner palabras a lo que le esté pasando. Por supuesto esta espera a veces desespera.

Es necesario que los padres sepan que más allá de no tener respuesta inmediata de lo que le pasa a su hijo/a pueden tener un espacio con un profesional, sea individualmente o en grupo, que les permita pensar qué les está pasando a ellos mismos con ese problema y cómo poder acompañar a su hijo.

Sólo unas palabras para aliviarlos:

 

Es posible no sentirse tan solos, sólo se necesita pedir ayuda.